AGRICULTURA Y TRANSGÉNICOS

AGRICULTURA Y TRANSGÉNICOS

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Monsanto, la mayor empresa de simientes del mundo, está negociando con Bayer, el máximo productor de pesticidas, para dominar a través  de esta unión, la producción agrícola mundial. De esta fusión, puede surgir un gigante agroquímico que controle el sector agrario.

Monsanto, promete entre otros beneficios, conseguir variedades que resistan el cambio climático. Pero sus promesas no consiguen disipar las críticas, centradas actualmente, sobre todo en su herbicida y sus semillas transgénicas.

Las sospechas del efecto cancerígeno del glifosato y de la capacidad alergénica y potencial creación de resistencias a antibióticos de los transgénicos, provoca el rechazo de los grupos políticos europeos preocupados por el medioambiente.

Las cosechas transgénicas del mundo representan menos del 1% de la superficie total cultivable. El 85% de los cultivos modificados genéticamente se concentran en EEUU, Argentina y Canadá. Hasta el momento se cultivan principalmente, maíz, algodón, soja y cánola (aceite inventado por los canadienses, a partir de la colza modificada).

Cada vez hay más datos científicos que avalan la peligrosidad de determinados organismos modificados genéticamente. La realidad es que se han puesto en marcha sin pruebas de su inocuidad y sin tener en cuenta su impacto directo e indirecto sobre la salud humana. Las investigaciones indican que sus tecnologías son de alto riesgo y muy agresivas con el entorno.

Su expansión se ha detenido en la Unión Europea, donde se ha prohibido la siembra de algunas de sus simientes. En este escenario, España  es actualmente el país de la UE, con mayor  producción de transgénicos.
transgenicos-430x286En 1998, el gobierno español, dio paso  al cultivo de MON 810, un tipo de maíz al que se le han incorporado genes de una bacteria, cuyas esporas contienen proteínas tóxicas para ciertos insectos.  Hay 97.300 hectáreas de cultivo de  este tipo de maíz, principalmente en Cataluña y Aragón.

Sólo  el 35% de los españoles apoya este tipo de cultivo, pero uno de cada cuatro ciudadanos ni siquiera ha oído hablar de transgénicos. Parece que nuestros políticos aprovechan la escasa cultura medioambiental de quienes les han votado, para establecer sus prioridades económicas. En el último año, su producción ha aumentado un 20%.

Aunque los productos genéticamente modificados, se consideran  aptos para el consumo humano, en Europa se utilizan sobre todo para pastos.  De hecho, el 100% de los pastos para el ganado, es de origen transgénico. La probabilidad de que un europeo consuma transgénicos, de forma directa, es baja, pero también es cierto que su presencia sólo se refleja en la etiqueta si supone más del 0,9% del producto.

Por otra parte, si la carne que consumimos se ha alimentado con alimentos modificados, es irrisorio pensar que no nos afecte.

Arroz_dorado_2Los expertos en medioambiente en desacuerdo con estas técnicas, apuntan  que es fundamental no permitir el cultivo transgénico en campos de cultivo convencional, porque se ha demostrado su imposible coexistencia. La contaminación conlleva la desaparición de la semilla autóctona y el monopolio del producto transgénico.

Esto supondría que los agricultores  quedarían a expensas de las semillas patentadas  por Monsanto,  que ofrece una menor diversidad de simientes a mayor precio.

Desde el punto de vista económico, el mayor problema de las semillas transgénicas, es que no se perpetúan, su descendencia es estéril, así que el agricultor  se ve forzado a comprarlas  en cada siembra.  Por eso, ni a los productores convencionales ni a los ecológicos les pueden resultar rentables.

Los grupos ecologistas, animan a los agricultores, a gestionar  sus empresas de forma  alternativa, apostando por sistematizar las siguientes dinámicas:

  • La rotación en lugar del monocultivo.
  • La siembra y el abonado inteligentes.
  • El uso de depredadores naturales de los insectos que atacan a las plantas.
  • La plantación de árboles en medio de los campos que aporten nitrógeno al suelo.

control-ecologico-plagasDe momento, en la UE, solo el 2,2% de los cultivos son ecológicos. La agricultura ecológica exige formas de gestión distintas a los de la agricultura convencional. Ciertos obstáculos hacen difícil el proceso de reconversión.

El factor económico es determinante. En este sentido, los expertos, tras analizar 55 cultivos de 14 países,  concluyen que la agricultura ecológica, a pesar de tener un rendimiento inferior, puede ser más rentable que la convencional, porque el  precio de venta lo compensa y sus beneficios ambientales a largo plazo afianzan su sostenibilidad.

Los principios que mueven la agricultura ecológica, son cuestiones medioambientales, sociales, económicas, culturales y de salud humana. También se valora el consumo responsable y el comercio justo.

Desde mi punto de vista, gestionar la agricultura sin tener en cuenta estos aspectos, supone dar la espalda al sentido común e implica a largo plazo una dependencia absoluta del sector agrario, que puede quedar en manos del monopolio de la industria de las semillas transgénicas y los pesticidas.

 

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3 Comentarios

  1. Chrinstine
    Chrinstine en · · Responder

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