PROPÓSITO EN 2017, MODIFICAR TU ALIMENTACIÓN

PROPÓSITO EN 2017, MODIFICAR TU ALIMENTACIÓN

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Como dietista, he buscado respuestas a numerosas preguntas a las que he intentado dar explicación en mis artículos. Por qué se demoniza el azúcar? Qué se sabe de los edulcorantes? Y de la fructosa? Es mejor el aceite de oliva que el de girasol? Por qué el pan ha pasado de ser sinónimo de alimento a convertirse en alimento problema? Qué son las grasas trans? Estas y otras cuestiones me han parecido interesantes y las he abordado, intentando mejorar mi forma de comer y la de los lectores que visitan Dietyst.

Los técnicos en la materia, deliberamos entre otros temas, sobre el mejor reparto nutricional y cuántas proteínas, grasas e hidratos debemos ingerir diariamente para estar sanos.

Poner en práctica las conclusiones a las que cada teoría llega, requiere nuestro asesoramiento. El caso es que el criterio cambia según la perspectiva y nunca  se consiguen disipar las dudas, porque todos los planteamientos nutricionales, que abanderan su verdad, como la única garante de salud, son discutibles.

El principio básico de la denominada dieta equilibrada que yo estudié en su día,  defiende que para evitar entre otras enfermedades, las cardiovasculares, no se debe superar el 30-35% respecto a las calorías diarias de consumo de grasa (seleccionando las insaturadas). También aconseja, un aporte proteico de 12-15% y 55-60% de hidratos de carbono. 

Según este reparto nutricional, los habitantes de los pueblos esquimales de Groenlandia, por su altísimo consumo de grasas saturadas y proteínas, deberían morir prematuramente de arteriosclerosis, y sin embargo disfrutan de vidas saludables.

La dieta de los inuit, basada durante siglos, en carne de foca, ballena, oso, peces, aves y sus huevos, pone en tela de juicio el planteamiento mencionado.

A quienes se asombren de este hecho, les diré que el colágeno de la piel cruda de los animales, aporta vitamina C suficiente para evitar la amenaza del escorbuto. Por otro lado, sabemos que las vitaminas A, D, y E, se obtienen de la propia grasa de estos animales  (sin obstrucciones arteriales) y los minerales, se pueden obtener de los pescados. En cuanto a hidratos de carbono, los Inuit, consumen los pocos que recolectan durante el breve período estival.

inuit5No  quiero decir que este tipo de alimentación, sea extrapolable a nuestra realidad, porque los entornos son muy diferentes. Con este ejemplo sólo pretendo constatar, que el hombre, a lo largo de su historia, ha conseguido  adaptarse a dietas de todo tipo, incluso tan extremas como esta, sin grandes problemas, y que los repartos adecuados de nutrientes que defienden las diferentes hipótesis, son relativos.

Hay quienes proponen un reparto nutricional de 65-75% de grasas, 20% de proteínas y 5-15% de hidratos de carbono, pero no voy a adentrarme en ninguna teoría, porque creo que las que actualmente circulan en los países desarrollados, parten de un hecho lamentable, y es que la dieta occidental se basa en alimentos altamente procesados.

A partir de esta realidad, se intenta encontrar estrategias para conservar la salud y eludir la enfermedad.

El hecho paradójico, es que en su evolución, el ser humano, ha descubierto la única dieta que genera las llamadas enfermedades de la civilización: cáncer, diabetes, obesidad y enfermedades cardiovasculares, principalmente.

El procesamiento industrial, puede convertir alimentos saludables en productos causantes de inflamación, intolerancias y muchos otros síntomas, a menudo inespecíficos, que alteran nuestro bienestar.

Por eso, y porque considero la salud, el primero y último fin de la dietética y nutrición, quiero plantear la siguiente cuestión, que me parece crucial:

NUESTRA DIETA ACTUAL, NOS ENFERMA.

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Es cierto que somos  más longevos, para conseguirlo disponemos de todo un arsenal de fármacos con los que vamos parcheando nuestra estructura física y nuestro vigor mental.

Pero el consumo constante de productos, sucedáneos de alimento que nos oferta la industria, va depositando en nuestro organismo, cantidades demasiado elevadas de azúcar, sal, grasas trans, pesticidas, edulcorantes, conservantes, saborizantes… contenidos en los procesados.

Como consecuencia, se ha disparado la incidencia de las patologías mencionadas, hasta alcanzar niveles epidémicos.

Por eso, lo que nos interesa realmente a todos, incluidos los dietistas, más que buscar nutrientes buenos y malos, es volver al punto donde se inició el camino equivocado y revertir esta situación. ¿Cómo?

Al margen de las rígidas directrices de las diversas corrientes, que niegan la validez de las restantes, centrémonos en comer alimentos que merezcan esta denominación.

Se trata de evitar en lo posible, lo que Michael Pollan, en su libro “Saber comer”,  llama, sustancia comestible con aspecto alimenticio. Os invito a leerlo, porque en él se desarrollan 64 consejos enfocados a saber con qué llenar la cesta de la compra. Puede ser un buen regalo de fin de año.

Cambiar de hábitos, resulta tan fácil o complicado como queramos,  pero todos sabemos diferenciar un alimento, de lo que no lo es. Probablemente, no vamos a eliminar todos los procesados, pero sin llevar esta cuestión a los extremos, se puede conseguir que la mayor parte de lo que comamos, provenga directamente de la tierra, del aire, del río o del mar. Así de simple. 

23158282041_0224941d06_bA partir de ahí, es útil efectivamente, debatir sobre proporciones adecuadas de nutrientes, cantidad de fibra, alimentos ecológicos y otras cuestiones a tener en cuenta, pero si sustentamos nuestra dieta habitual en verdaderos alimentos, los repartos nutricionales pasan a un segundo término.

En el maremágnum informativo actual, prefiero quedarme con el cristalino mensaje, de M. Pollan, por su fuerza y nitidez y porque nos convierte a tod@s, en bien informados comensales, capaces de elegir lo que llevamos a nuestra mesa, sin necesidad de mayor asesoramiento. ¡Me encanta!. Aunque pueda implicar echar piedras sobre el tejado de los dietistas, desde Dietyst, doy las gracias a quien puso “Saber comer”, en mis manos.

Con este último artículo del 2016, me despido de vosotros por algún tiempo. Considero que un pequeño descanso ayudará a digerir la contundente recomendación de M. Pollan, que ahora os quiero transmitir:

Come alimentos (plantas, hongos y animales), sólo cuando tengas hambre y  con moderación.

Dejémonos ya de nutrientes problema y super alimentos. Stop a los mensajes contradictorios que sólo acrecientan la confusión.

Seguiré compartiendo artículos propios y ajenos. Hasta pronto. FELIZ AÑO 2017.christmas-1015324_960_720

REFERENCIAS:

  • Michael Pollan. Saber comer. Primera edición vintage español, Enero 2013.
  • Krause. Nutrición y dietoterapia . Edición 10. Mcgraw-hill / interamericana de México, 2000.
  • Larrañaga, I. J. Carballo, J.M.,Rodríguez, Mª del Mar; Fernández, José A. Control e higiene de los alimentos. Edición 1. Mc Graw Hill. 1998.
  • Pilar Cervera, Jaime Clapes, Rita Rigolfas. Alimentacion y dietoterapia. Edición 4.Mcgraw-hill / interamericana de España, 2004.
  • http://www.directoalpaladar.com/salud/dietas-ancestrales-la-paradoja-esquimal-mucha-grasa-y-poca-verdura
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2 Comentarios

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